LAS HUELLAS DEL PASADO

February 27, 2016

 

“... Las articulaciones son los puentes sobre los que cruzaras el tiempo. Cada una de tus edades sigue viva en ti. La primera infancia se guarda en los pies. Si dejas bloqueado a tu bebé ahí, bloquea su acenso, te sumerge en la memoria que es una cuna y una prisión; te corta del futuro; te estanca en el pedir sin dar y sin hacer. Deja que la energía acumulada en tus plantas, dedos y arcos suba por la espinilla y se convierta en un niño: juega, baila, patea el aire como si fuera un gigante que dominas. Pero no te quedes ahí, asalta la fortaleza impenetrable que son tus rodillas. Al frente son escudos al mundo, pero por atrás, en la intimidad, te ofrecen la sensualidad de la adolescencia. Las rodillas conquistan el mundo, te permiten ocupar territorios como un rey, son los caballos salvajes de una carroza. Pero si no continuas ascendiendo, creciendo, te atorarás ahí, encerrado en tu castillo. ¡Anda!, entra y arrástrate hasta los muslos, conviértete en adulto, en las articulaciones que conectan el húmero con la pelvis, descubre la capacidad de apertura de tus piernas...” 

 

El Maestro y Las Magas

-Alejandro Jodorowsky-

 

A partir de este texto he disertado sobre el trabajo que se hace  sobre el tapete con posturas de yoga que involucran los tobillos, las rodillas y las caderas. Partiendo de las ideas que expresa de Alejandro, las extremidades inferiores guardan todo el pasado. Hace mucho sentido que los tobillos guarden la niñez ya que esto son muy flexibles y frágiles, pero a la vez son nobles y se recuperan con rapidez. Todos nos hemos luxado o torcido un tobillo y hemos comprobado que se pude continuar con las actividades normales al día siguiente con molestia o dolor que disminuye rápidamente conforme más reposemos. Como cuando un niño se cae, llora y enseguida continua jugando como si nada hubiera pasado. Hay una hermosa INOCENCIA que se vive en tiempo presente. Sólo al caerse una y otra y otra vez es que se adquiere un aprendizaje o condicionamiento y la inocencia va menguando. 

 

Más arriba, las rodillas son el puente entre los tobillos y las caderas. Una articulación que aparenta ser fuerte, flexible y durable sobre todo en la juventud. Es hermosa la analogía que Jodorowsky hace con los caballos de una carroza, pues ¿no acaso, durante nuestros años mozos nos debatimos en batallas deportivas de alto impacto? Y a la vez, es la etapa de nuestra vida donde más vulnerables  e inseguros somos por los fuertes cambios que se presentan. La lesiones de la rodillas se guardan y aparecen en la edad adulta, lo mismo que las heridas de la adolescencia por tratar de comerse al mundo. Las rodillas al igual que los jóvenes, necesitan de constante observación y presencia para ir midiendo el rango de movimiento, flexibilidad y fuerza. Se va forjando la CONFIANZA basado en la acción y el trabajo constante, consciente y presente, de lo contrario se anida el miedo y el recelo.

 

La confianza es fundamental para poder entrar profundo en las caderas, las articulaciones más fuertes que dan estabilidad y equilibrio a la columna vertebral quien se encarga de toda la coordinación y movimiento del cuerpo. En la pelvis y caderas se asienta el adulto lleno de ideas, experiencias, sabiduría, conocimientos, juicios, prejuicios, creencias, manías, hábitos y carácter. Una pieza muchas veces rígida porque tiene que soportar todo el peso de la vida. Tan fuerte que para que se lesione tiene que sufrir un traumatismo impactante y si llegara a suceder, la recuperación es muy lenta y en la mayoría de los casos parcial. Con toda la experiencia adquirida por un adulto es difícil que lo lastimemos, pero cuando se logra romper el caparazón, la fuerza de la estocada ultraja lo más profundo que es la FE. Perdemos la fe en todo lo que consideramos cierto y verdadero como los conceptos de amor, amistad, voluntad o humildad  por mencionar pocos. Nos sumergimos en un abismo de desasosiego, soledad, amargura y vacío, donde ni lo más divino puede convencernos de lo contrario. 

 

¿Podemos observar cómo se va perdiendo la conexión espiritual a partir de nuestro cuerpo físico encarnado? La inconsciencia de no estar presentes y auto-observándonos constantemente pone en riesgo nuestros tobillos, rodillas y caderas pero sobretodo la INOCENCIA, la CONFIANZA y la FE que residen en ellos. 

 

Técnicas como las ásanas (posturas de yoga) o el zazén (meditación sentada) nos permiten realizar la auto-observación y regresar a la mente de principiante donde inocentemente nos preguntamos si acaso podremos realizar cierta postura que se ve muy compleja o aguantar muchas horas frente a una pared “creyendo” en el MÉTODO. ¡Nos colocamos en el tapete o en el cojín y lo intentamos! Nos aventuramos a comprobarlo una y otra vez hasta que la PRÁCTICA da resultados confiables que se han repetido a través de generaciones de practicantes desde aquellos pioneros que ahora fervientemente llamamos MAESTROS o GUÍAS ESPIRITUALES.

 

Cree en el Método.

Observa donde pisas. 

Confía en la Práctica.

Muévete consciente.

Ten fe en el Maestro.

Déjate impulsar  más allá.

 

Alejandro Jodorowsky cierra el párrafo del inicio con estas hermosas palabras: “Ante ti, mi héroe, se presenta la sagrada columna vertebral. Cada vértebra es un paso que te lleva del suelo al cielo. Desde la grandeza y el poder las las lumbares, escala hacia las dorsales sentimentales y llega a las lúcidas cervicales para recibir la bóveda craneal, cofre que termina en mil pétalos abriéndose hacia la energía radiante que llueve del cosmos. Ahora has aprendido a abrirte, no permanezcas cerrado...” 

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