La Vida en una Taza de Té

March 6, 2016

 

 

 

 

 

…forma aquí sólo es vacío 

vacío es sólo forma

forma es exactamente vacío 

vacío es exactamente forma…”

 

MAHA PRAJNA PARAMITA SUTRA

 

 

 

 

 

 

Dentro de la cultura japonesa existe una serie de rituales tradicionales cuyos objetivos son guiar al individuo por un “camino de vida” para lograr más armonía en la relaciones humanas, generar gustos refinados, ser una persona honesta y libre de miedos para llevar una vida cotidiana más agradable.  Esto se logra a través de perfeccionar diversas disciplinas o actividades comunes y corrientes como arreglar un ramo de flores, la caligrafía, la pintura, la jardinería o simplemente servir una taza de té. 

 

Sado o “el camino del té” es una ceremonia que guarda muchísimas enseñanzas a las que hay que estar atentos para entender. Entre ellas están uno de los conceptos principales del budismo el cual está citado al inicio de este texto: forma y vacío. 

 

Al nacer, nuestro cuerpo es una taza, un contenedor, una forma que está vacía. A lo largo de la vida vamos vertiendo y llenándolo de sensaciones, emociones, concepciones, ideas, pensamientos y juicios. Algunos dicen que esto se da por ciclos o etapas, tal como bebemos el té. 

 

Al servir el té, uno no se apresura a beberlo, sino con paciencia para no quemarnos, pero con ritmo y cadencia para que no se enfríe. Se tiene que vaciar la taza para poder volver a llenarla. 

 

Para obtener nuevas enseñanzas, primero debemos vaciarnos de las aprendidas. Lo que conocemos por cierto y verdadero en la niñez, probablemente no nos sirva mucho en la aventura de la adolescencia, así como las experiencias de la madurez difieran mucho de la sabiduría de la vejez. Pero esto no quiere decir que cada etapa no sea importante, así como cada taza de té no sea sabrosa. Aunque la primera taza sea ligera y casi incolora y la última tenga asientos con un sabor saturado, sigue siendo el mismo té. Esa es la tonalidad de los sabores de la vida que sólo podremos identificar al vaciar y llenar nuestra conciencia. 

 

Por otro lado, cuando no vaciamos la forma, lo que está contenido se estanca y eventualmente se pudre, como todas las ideas y juicios retrógrados u obsoletos que no coinciden con el mundo cambiante. Así también, si nunca lo llenamos se empolva o anidan parásitos en nuestro recipiente  que nos convierten en personas ignorantes que terminan dañando a otros. 

 

Otra enseñanza que guarda la ceremonia del té es el juego implícito entre la persona que sirve y la persona que recibe.  La danza entre el anfitrión y el invitado. La importancia de saber interpretar  los roles en su debido tiempo e intercambiarlos a tiempo. Una alegoría de los personajes que interpretamos en la vida diaria: alumno-maestro, padre-hijo, seductor-seducido, jefe-empleado, cliente-proveedor, protector-protegido, etc. Cualquiera que sea nuestro rol actual, debemos soltarlo para interpretar el opuesto, sólo conociendo ambos podemos aprender, comprender y crecer.  

 

Casarnos con un solo papel es coartar la posibilidad de descubrir todos los matices de ese mismo personaje. Al ponernos del otro lado, podemos observar cómo ese carácter puede ser interpretado diferente por otros y poder mejorar cada gesto, postura, frase o conducta. Por eso, el “arte de servir té” es un hermoso ritual plasmado de gracia y belleza, producto de la práctica de estar presente.  

 

Dominar el cuerpo sobre el tapete de yoga o la mente meditando frente a la pared son las plantillas que tenemos para practicar el “arte de observar” y luego poder aplicarlo en cualquier actividad. Es estar presentes en el aquí en el ahora y presenciar cómo se va revelando el Dharma  (La Gran Enseñanza) ante nosotros ya sea al cortar el tallo de una flor, al deslizar un pincel sobre el lienzo o al verter la tetera y dejar correr el aromático té verde en la taza sin derramar una sola gota de ambrosía. 

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